Movida Cultural

La fiesta del Inti Raymi en Cañar

Una de las tradiciones que tiene como legado el pasado glorioso de la nación Cañari-Inca, constituye la fiesta del sol y la cosecha del solsticio de Junio, INTI RAYMI.

La palabra cañari viene de Kan= culebra y de Ara= Guacamaya. Para algunos lingüistas significa “descendiente de la culebra y de la guacamaya”. En sí estos animales fueron considerados sagrados y existen leyendas y decoraciones en sus artesanías y vestimenta que así lo demuestran:

Los Cañaris, consideraban el diluvio como el origen de su raza, cuenta la leyenda que en tiempos muy antiguos pereció toda la comunidad en una espantosa inundación logrando salvarse solamente dos hermanos varones en la cumbre del monte Huacay-ñan, “camino de llanto”, que conforme crecía la inundación se elevaba sobre las aguas.

Así los dos hermanos, únicos con vida después de la inundación, salieron de la cueva en que se habían guarecido a buscar alimento; mas cuál fue su sorpresa, cuando volvieron a la cueva encontraron en ella manjares listos y aparejados, sin que supiesen quien los había preparado. Esta escena se repitió por tres días, al cabo de los cuales deseando descubrir quién era el ser misterioso que les estaba proveyendo de alimento, determinaron los dos que el menor saldría en busca de comida, como en los días anteriores, y que el hermano mayor se quedaría escondido en la misma cueva. Así lo hicieron.

Estando el hermano mayor en acecho para descubrir el misterio, entraron de repente a la cueva dos guacamayas con cara de mujer, el indígena quiso apoderarse de ellas pero salieron huyendo. Lo mismo ocurrió en dos ocasiones más y al tercer día cambiaron de lugar, ya no se ocultó el hermano mayor sino el menor: éste logró tomar a la guacamaya menor, se casó con ella y tuvo seis hijos, tres machos y tres hembras, los cuales serían los padres y progenitores de la nación de los Cañaris.

El Inty Raymi es en sí el símbolo de la gratitud de los pueblos andinos que ofrecen a la Paccha Mama (madre tierra), por la bondad de haber permitido una buena producción y cosecha de productos tradicionales, la gratitud se celebra con la presencia de música y danza, concentrándose más de un centenar de conjuntos autóctonos. Recoger esta vivencia milenaria, permite que nuestras raíces étnicas conserven todo su esplendor y colorido a través del canto y la alegría de los vientos que nacen de los verdes campos y los dorados trigales de este suelo.

En esta época, según el calendario lunar de los pueblos aborígenes y en este caso de los cañaris, el sol se proyecta directamente sobre la tierra el 21 de junio y eso se conoce como el equinoccio. Es la temporada en la que los productores recolectan lo que sembraron y cuidaron el resto del año.

Por eso, del 21 al 23 de junio, de todos los años, los indígenas de esta región realizan rituales para agradecer por la recolecta, pero también es la época de renovar energías.

 

Tomado de: Diario el Mercurio y MCYP

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